Yaiza Gorrín Rodríguez, concejala de Grupo Municipal Unidas Podemos, al amparo de lo dispuesto por el vigente Reglamento Orgánico del Pleno, somete a la consideración del Pleno de la Corporación la siguiente MOCIÓN.

EXPOSICIÓN DE MOTIVOS

El Sistema Internacional de Derechos Humanos establece que las mujeres tienen derecho a gozar de salud integral, a lo largo de todo su ciclo vital.

La salud integral no es un hecho meramente biológico, sino que responde más bien a factores biopsicosociales, y depende del lugar que las mujeres ocupan en la sociedad (determinantes sociales de la salud), de su capacidad de acceder a los recursos materiales y simbólicos para vivir una vida digna, con igualdad de oportunidades, exenta de violencias, y que incluya la salud sexual y reproductiva, pero que no se base exclusivamente en éstas.

Por otro lado, aún persisten los sesgos de género en el sistema de salud actual, que se pueden dar en 3 planos: los sesgos cognitivos que inducen a errores en la investigación, en el diagnóstico y en el abordaje de las patologías de las mujeres al entender al hombre como modelo único y referencia de la biología femenina; el sesgo social, que ignora la situación de las mujeres dentro de la etiología de la enfermedad, y por último, el sesgo institucional de los modelo sanitarios que invisibiliza (psicologiza las patologías físicas) y al mismo tiempo sobredimensiona (medicaliza la desigualdad y el estrés social crónico) a las mujeres y a sus condiciones concretas de vida.

La medicina ha utilizado un modelo de cuerpo que formalmente era asexuado (válido para los 2 sexos) pero que en realidad era estrictamente androcéntrico. El cuerpo masculino, como el género gramatical, representaba al universal humano. De ahí que gran parte de la información, la formación y la percepción clínica haya sido insensible a las diferencias de sexo (biológicas) y, aún más, de género (sociales).

Y a pesar de que la ley de igualdad, la ley de ciencia o la  ley de investigación obligan por normativa  legal a que  se investigue  en ambos  sexos, es algo que aún se resiste, dadas las conclusiones del informe ‘Sesgos de género en el esfuerzo terapéutico: de la investigación a la atención sanitaria‘, que publica el último número de la Revista Española de Farmacia Hospitalaria en el que se señala que “La diferencia de sexo y la forma en la que las enfermedades aparecen pueden estar condicionando el retraso y los errores diagnósticos”. Así mismo, el proceso de enseñanza-aprendizaje durante la formación universitaria supone otro de los factores que derivan de “una generación de conocimiento sesgada”.

Sabemos que la responsabilidad del cuidado en los hogares está desarrollada fundamentalmente por las mujeres. Dicha responsabilidad implica multitud de tareas a las que destinamos gran parte de nuestro tiempo fuera de la jornada laboral. Es un trabajo monótono y repetitivo, sin vacaciones ni tiempo libre. Esta sobrecarga ocasiona en las mujeres estrés crónico e incremento de problemas músculo-esqueléticos, entre otros.

Las consecuencias se plasman en un estudio de la Universidad de Valencia, de los muchos que hay sobre “La sobrecarga de las cuidadoras de personas dependientes”. Las cuidadoras están sometidas a graves riesgos sobre su salud mental, como trastornos depresivos y desequilibrios emocionales, sexuales, malestar psicológico y tasas elevadas de depresión y estrés. La mayor incidencia de los trastornos de salud mental que trae consigo la atención de la población dependiente se ve corroborada por el mayor uso de medicación psicotrópica entre las cuidadoras. La prescripción de fármacos para la depresión, la ansiedad y el insomnio es hasta 3 veces mayor que en el resto de la población.

En la Encuesta Nacional de Salud se evidencian resultados parecidos. Las mujeres mayores solicitan más consultas médicas y reciben más tratamientos que los hombres, teniendo más prescripciones médicas de psicofármacos.  La gran mayoría de las prescripciones están realizadas por atención primaria  y en muy raras ocasiones por el personal de la red de salud mental.

En el contexto de la pandemia, las mujeres tienen mayor probabilidad de empeorar su salud mental, debido a los factores de riesgo ya mencionados. Si durante los meses de la pandemia, la prevalencia de la ansiedad era del 33% y la de la depresión del 28%, uno de los factores determinantes para  sufrir estas enfermedades era ser mujer.

Por otro lado, hay estudios que demuestran un empeoramiento de  patologías  por  retraso  en  el acceso  al sistema  de  salud, ya que muchas veces las mujeres acuden en  estadios más graves que deberían estudiarse y revertirse.

Respecto a los derechos sexuales y reproductivos, se está produciendo un incumplimiento de la Ley del Aborto de 2010, que reconoce «a todas las mujeres por igual el acceso a la prestación, con independencia del lugar donde residan». Miles de mujeres que deciden interrumpir voluntariamente su embarazo, son obligadas cada año a desplazarse a otra provincia e incluso cambiar de comunidad autónoma, debido a que los servicios de salud no llevan a cabo esta práctica sanitaria en los lugares en los que viven. Una discriminación geográfica que se da de diferentes formas y a la que la opacidad institucional dificulta poner cifras exactas, pero que constituye uno de los obstáculos del acceso al aborto en nuestro país, incluso más de diez años después de la puesta en marcha de la Ley del Aborto.

Otro tipo de enfermedad, la Fibromialgia, afecta al 2,4% de la población –a más de 1 millón de personas–, a pesar de que estudios europeos recientes, indican que el porcentaje de afectados podría ser más alto (entre 3 y 4 personas de cada 100). Las mujeres representan el 85% de las personas que la padecen. Se trata de una enfermedad poco reconocida, de difícil diagnóstico y sin cura, que requiere de más investigación por su carácter invalidante.

Los hábitos saludables constituyen un mecanismo de amortiguación de los efectos negativos provocados por la crisis de cuidados, en la medida en que pueden contrarrestar el estrés de la persona cuidadora y frenar el deterioro de su salud. La menor prevalencia de prácticas preventivas entre las mujeres cuidadoras, ha sido descrita relacionando el menor tiempo dedicado al autocuidado con el mayor riesgo de problemas físicos y mentales.

Para que se contemple nuestra salud desde un enfoque integral se debe incorporar la dimensión bio-psico-social no solo desde una perspectiva medicalizada. Necesitamos disponer de la información necesaria para tomar decisiones sobre nuestros cuerpos e impulsar la investigación médica desde un enfoque no androcéntrico, que ponga las necesidades de las mujeres entre sus objetivos.

Por todo lo expuesto, la concejala de Unidas Podemos eleva a la consideración del Pleno de la Corporación Municipal la adopción de los siguientes

ACUERDOS

  1. Crear el Consejo Municipal de Salud para la mujer, como un cauce de participación y gestión eficaz de la política de salud, para contar con un instrumento dentro del ámbito municipal que dé voz a las necesidades en materia de salud de las mujeres.
  2. Aprobar la redacción de un reglamento para dicho Consejo como un instrumento de cooperación y coordinación, capaz de aglutinar los intereses de las Administraciones públicas, organizaciones ciudadanas y las mujeres del municipio en el ámbito de la salud.
  3. Elaboración de un Plan de Salud del municipio, que recoja entre otros instrumentos, el enfoque de género tanto en el diagnóstico como en la asignación de prioridades en la atención de los problemas de salud y en las actuaciones que se deriven, y elevar ante los órganos correspondientes las propuestas oportunas en orden a la solución de los problemas detectados.
  4. Promover políticas de hábitos saludables de vida desde la perspectiva de género para los vecinos y las vecinas del municipio como elemento esencial para el bienestar, promoviendo así la conciencia social y la participación ciudadana sobre la importancia y trascendencia de esta materia.
  • Instar a la administración o administraciones competentes a:
  1. Revisar el plan de formación de las disciplinas sanitarias, para corregir los sesgos de género existentes.
  2. Desarrollar un eje dentro de las estrategias de atención comunitaria, dedicada a fortalecer y prevenir la salud de las personas cuidadoras, contando con la coordinación de los servicios sociales para posibilitar recursos adecuados a sus necesidades.
  3. Revisar los procedimientos utilizados relacionados con la salud sexual y reproductiva, para corregir la violencia obstétrica, atender eficazmente la endometriosis, histerectomías totales y garantizar el acceso a una salud integral en este ámbito y dentro de los servicios públicos de salud, que incluya la rehabilitación del suelo pélvico.
  4. Impulsar un plan para la prevención e investigación de enfermedades invisibilizadas que afectan a las mujeres, tales como la fibromialgia y la endometriosis. Garantizar la aplicación de protocolos sanitarios, dirigidos a mejorar la calidad de vida de las pacientes desde una perspectiva multidisciplinar, además de impulsar campañas de concienciación sobre las características de estas enfermedades y la necesidad de comprensión social hacia las pacientes.
  5. Posibilitar una vía de denuncia desde atención primaria con salud laboral e inspección de trabajo, ante posibles situaciones de riesgo psicosocial, para facilitar la actuación coordinada y eliminar los factores que dañan la salud. Así mismo mejorar la detección de enfermedades laborales vinculadas con el trabajo de cuidados y revisar los parámetros que se usan en prevención donde las  mujeres  están infrarrepresentadas, como la mayoría  de  los parámetros  de  tóxicos que no están  segregados por sexo,  provocando que  siga  habiendo mayor afección en
  6. Instar al gobierno estatal a tomar medidas concretas de control y sanción para garantizar la obligatoriedad de incluir en los estudios clínicos y preclínicos un porcentaje relevante de mujeres, acorde a su incidencia, y que contemplen las diferencias por sexo como el peso, la variabilidad hormonal de las mujeres o las reacciones cruzadas con otros fármacos que suelen consumir las mujeres.