Yaiza Gorrín Rodríguez, concejala de Grupo Municipal Unidas Podemos, al amparo de lo dispuesto por el vigente Reglamento Orgánico del Pleno, somete a la consideración del Pleno de la Corporación la siguiente MOCIÓN.

EXPOSICIÓN DE MOTIVOS

El legado de Eduardo Westerdahl:

Eduardo Westerdahl Oramas (Santa Cruz de Tenerife, 1902-1983) se convirtió en uno de los personajes más relevantes de la cultura canaria en el siglo XX, gracias a su decisiva contribución al desarrollo del arte de vanguardia en las islas. Nacido de padre sueco y madre canaria, Westerdahl comenzó su vida profesional trabajando en un banco, por lo cual aprendió sus conocimientos artísticos de forma autodidacta, como le sucedería también a uno de sus más destacados contemporáneos, el crítico literario Domingo Pérez Minik.

En las décadas de 1920 y 1930, el aprendizaje artístico de Westerdahl le permitió entrar en contacto con las vanguardias internacionales, forjando su trayectoria como crítico de arte. En 1931, emprendió un viaje por Europa en el que visitó museos, galerías de arte y universidades de varios países, percibiendo el clima de agitación política y cultural que se vivía en gran parte del continente. Las experiencias que el crítico de arte vivió en el curso de este viaje se volcaron en la creación de la revista mensual Gaceta de Arte, cuyo primer número apareció en 1932, con el propósito de ofrecer un espejo de las manifestaciones artísticas y literarias de su tiempo, desde una perspectiva moderna y cosmopolita. De este modo, Gaceta de Arte reunió colaboraciones de los artistas e intelectuales más destacados de su época en Canarias y en Europa, conectando las islas con los principales centros culturales del mundo. Este enfoque se determinó claramente desde el primer manifiesto de la revista, titulado Posición, que apareció en febrero de 1932, resumiendo el ideario de este proyecto editorial con las siguientes palabras:

gaceta de arte llegará a las principales galerías de europa.

 hará traducciones directas de las figuras europeas más inquietas.

 hará la exposición de los más seguros valores de las islas.

 cumplirá en la isla, en la nación, en europa, la hora universal de la cultura.

En 1935, a través de la plataforma cultural que había creado con Gaceta de Arte, Westerdahl organizó la II Exposición Internacional Surrealista, que se realizó en Santa Cruz de Tenerife, contando con la asistencia de varias figuras de primer orden dentro del surrealismo, como los escritores André Breton y Benjamin Péret y la pintora Jacqueline Lamba. Este evento cultural, celebrado en el antiguo Ateneo de Santa Cruz, logró reunir una colección extraordinaria de obras, con piezas de artistas como Hans Arp, Victor Brauner, Giorgio de Chirico, Salvador Dalí, Óscar Domínguez, Max Ernst, Valentine Hugo, René Magritte, Joan Miró, Meret Oppenheim, Pablo Picasso, Man Ray, Yves Tanguy, Marcel Duchamp, Alberto Giacometti o Dora Maar. Gaceta de Arte dedicó su número 35 a la Exposición y, en octubre de 1935, se publicó el número 2 del Boletín Internacional del Surrealismo desde la capital tinerfeña, con textos en español y francés, incluyendo la publicación del Manifiesto surrealista. Gaceta de Arte continuaría publicándose hasta junio de 1936, cuando apareció su último número, pues su aventura editorial quedaría truncada, un mes más tarde, con el estallido de la guerra civil española.

En este periodo, Westerdahl escapó de la represión franquista gracias a la nacionalidad sueca, que había heredado de su padre y que le protegió frente a la persecución que la dictadura emprendió contra los artistas e intelectuales de ideas progresistas. De este modo, el crítico de arte abandonó Santa Cruz de Tenerife, donde corría el peligro de ser fácilmente denunciado, y se refugió en la tranquilidad del Puerto de la Cruz, guardando un discreto silencio durante el páramo cultural de la posguerra. Después de este paréntesis, reanudó sus actividades culturales en 1952, integrándose en el Instituto de Estudios Hispánicos como responsable de su sección de arte. A partir de este momento, comenzó a donar a este Instituto diversas obras de arte pertenecientes a su colección personal.

Estas donaciones permitieron que se llevara a cabo otra de sus iniciativas para impulsar la cultura en Canarias: la creación del Museo de Arte Contemporáneo Eduardo Westerdahl (MACEW), inaugurado en 1953 y que se convirtió en el segundo museo de arte contemporáneo de España, después del Museo de Arte Contemporáneo de Madrid. El MACEW, que actualmente se encuentra en la Casa de la Aduana, situada en el Puerto de la Cruz, permite conocer la evolución del arte del siglo XX en las islas, con una colección formada por obras de artistas como Óscar Domínguez, Juan Ismael, Manolo Millares, Lola Massieu, César Manrique o Pedro González.

El legado de Maud Westerdahl

Se puede afirmar sin duda alguna que Maud Westerdahl (1921-1991) fue una de las mujeres más relevantes de la cultura canaria en el siglo XX. Nacida en Limoges (Francia) con el nombre de Madeleine Bonneaud, procedía de una familia dedicada a la enseñanza. En 1936 pasa una temporada en un colegio internacional de Londres para aprender inglés y visita con asiduidad  los museos de la capital británica, donde comienza a desarrollar su gusto por el arte, fijándose en las obras de artistas de diferentes épocas y escuelas, como Holbein, Turner, los prerrafaelitas o Van Gogh. A principios de la década de 1940, mientras estudia la carrera de Letras en la universidad de Poitiers, conoce por casualidad a André Breton, que se encontraba movilizado como oficial médico en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial. La joven estudiante inicia con el escritor surrealista una amistad que marcará este periodo de su formación, manteniendo largas conversaciones sobre diversos temas, como el viaje de Breton a Tenerife, la literatura francesa, el psicoanálisis o el arte de vanguardia.

En 1941, Maud obtiene su licenciatura en Letras y decide realizar una tesina sobre la novela gótica inglesa. Sin embargo, la ocupación de Francia por el ejército nazi y las dificultades para acceder a fuentes bibliográficas en una Europa cada vez más convulsa la obligan a abandonar su trabajo de investigación. En 1943 se traslada a París, donde se reúne con los artistas e intelectuales surrealistas que permanecieron en la capital francesa durante la guerra. En un ambiente difícil, marcado por la violencia del conflicto bélico y las penurias materiales, conoce a Óscar Domínguez y frecuenta el estudio de Pablo Picasso, donde se reunían numerosos personajes del mundo de la cultura. Maud se convierte en pareja de Óscar Domínguez y ambos comienzan a trabajar con la pintura de esmaltes. Estos esmaltes podrían haberse inspirado en las artesanías típicas de Limoges, aunque Maud los realizaba de forma experimental y autodidacta. Después de esta etapa inicial, Maud continuó trabajando con los esmaltes, mientras que Óscar prosiguió su carrera como pintor.

En 1945 contrae matrimonio con Óscar Domínguez. Dos años más tarde, en 1947, el matrimonio viaja para exponer sus obras en Londres, donde les recibe la escritora Valentine Penrose. En los últimos años de la década de 1940, los esmaltes de Maud se exponen en varias ciudades centroeuropeas (Olmütz, Praga y Bratislava) y entran en las colecciones permanentes de varias galerías de París, al mismo tiempo que la artista diseña joyas para Christian Dior. El matrimonio se separa de forma amistosa y Óscar Domínguez le presenta a Eduardo Westerdahl en París en 1952. Dos años más tarde, en 1954, la artista llega a Tenerife y se introduce en el ambiente cultural de la isla, dominado por figuras como Domingo Pérez Minik, Pedro García Cabrera y el propio Westerdahl. En 1955, contrae matrimonio con Eduardo Westerdahl y adopta el apellido de su segundo esposo, con el que se daría a conocer en los medios artísticos de Canarias.

A partir de ese momento, se suceden las exposiciones de sus trabajos en diferentes instituciones culturales, como el Círculo de Bellas Artes de Tenerife, el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias o el Ateneo de Madrid. Por otro lado, Maud realiza diferentes viajes a Francia, en varios de los cuales visita a Pablo Picasso. En 1968, interviene como crítica de arte y comisaria en la exposición de homenaje a Óscar Domínguez celebrada en el Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife. Sin embargo, su papel más relevante como agitadora cultural llegaría en 1973, cuando la capital tinerfeña acoge la I Exposición Internacional de Escultura en la Calle. La amistad de Maud Westerdahl con Valentine Penrose y su marido Roland, uno de los mayores coleccionistas y promotores del arte moderno en Europa, facilitó el desembarco de un conjunto de piezas de 43 escultores, entre los que se encontraban artistas de la talla de Joan Miró, Henry Moore, Pablo Gargallo, Julio González, Alexander Calder, Martín Chirino o Josep Maria Subirachs. Por su nómina de autores y por su contribución a la imagen urbana de Santa Cruz de Tenerife, esta exposición se convirtió en uno de los hitos más relevantes de la historia cultural de la isla, siguiendo la estela de una aventura que había comenzado, casi cuarenta años atrás, con la II Exposición Internacional Surrealista.

De este modo, Maud Westerdahl desarrolló más de tres décadas de trabajo artístico en Tenerife hasta 1987, cuatro años después de la muerte de Eduardo Westerdahl, cuando se trasladó a Madrid y se instaló en un piso de la calle Modesto Lafuente. En la capital española se relacionaba con amigos como el escultor Martín Chirino o la viuda de Manolo Millares, Elvireta Escobio, manteniendo una actividad incesante y un espíritu abierto a la modernidad hasta su fallecimiento en 1991.

La necesidad de su reconocimiento

Pese a la enorme importancia del matrimonio Westerdahl para el desarrollo de la cultura en Canarias, hasta la actualidad su memoria apenas cuenta con reconocimientos en los espacios públicos de Tenerife. Esta ausencia resulta lamentable, especialmente en el caso de la capital tinerfeña, donde nació y murió Eduardo y donde Maud pasó gran parte de su vida. Hasta la fecha, no existe ningún elemento conmemorativo cerca de los domicilios donde residieron en Santa Cruz de Tenerife, como el entorno donde se encontraba la casa natal de Westerdahl, situada en la desaparecida calle Canales (coincidiendo aproximadamente con el actual número 37 de la calle Puerta Canseco, en su confluencia con la calle Ángel Guimerá), o el edificio ubicado en el número 32 de la Avenida de la Asunción, donde el matrimonio Westerdahl adquirió un piso en 1974.

Cabe señalar que los presupuestos del Cabildo de Tenerife para 2021, recogen una partida presupuestaria por importe de quince mil euros, con la denominación “Homenaje o reconocimiento de personas destacadas de la Cultura” (Programa 3343, Orgánico 1141, Económico 46240)

Por todo lo expuesto, la concejala de Unidas Podemos eleva a la consideración del Pleno de la Corporación Municipal la adopción de los siguientes

ACUERDO

 Instalar dos monolitos informativos en Santa Cruz de Tenerife: uno dedicado a la memoria de Eduardo Westerdahl, en los alrededores del número 37 de la calle Puerta Canseco, y otro dedicado conjuntamente a la memoria de Eduardo y Maud Westerdahl, en las inmediaciones del número 32 de la Avenida de la Asunción, instando al Cabildo Insular de Tenerife a sufragarlas utilizando la partida presupuestaria destinada a tal fin.